Producto de su enfermizo odio hacia todo lo que signifique la Revolución Cubana el gobierno de Estados Unidos ha endurecido las condiciones de libertad supervisada ( probation ) bajo la cual se encuentra René González Sehwerert, uno de los cinco agentes de inteligencia cubanos que se infiltró en las organizaciones terroristas basadas en Miami
con el propósito de desbaratar sus criminales designios, ahorrando de
este modo centenares o quizás miles de vidas de cubanos tanto como de
extranjeros. René nació en Chicago; es hijo de padres cubanos que
durante la época de Batista emigraron a los Estados Unidos y que
regresaron al país una vez caída la tiranía del lacayo de Washington. En
el juicio a “Los 5”, que es la mayor prueba de la descomposición moral y
jurídica de la justicia estadounidense, los luchadores antiterroristas
fueron condenados a penas exorbitantes.
En el caso de René, el primero en ser puesto en libertad, fueron más
de trece años de prisión, donde cumplió su condena hasta el último día.
La acusación que pesó sobre “Los 5” fue “conspiración para cometer
espionaje”. Pero ese “espionaje” no se hizo sobre las instalaciones u
organismos gubernamentales de los Estados Unidos (fuerzas armadas,
agencias de inteligencia, etcétera) sino sobre las organizaciones
terroristas que, amparadas por los tres poderes de la ejemplar
“democracia” del Norte, se dedican a tramar sangrientos atentados,
desestabilizar gobiernos y asesinar a líderes y militantes sociales. Eso
lo hacían ayer y continúan haciéndolo también hoy.
Precisamente por combatir contra ese flagelo René tuvo que purgar
largos años de prisión, mientras que sus cuatro compañeros, que llevan
ya quince años en la cárcel, deberán cumplir todavía las siguientes
condenas: Fernando González Llort, hasta el 27 de Febrero del 2014;
Antonio Guerrero Rodríguez, hasta el 18 de Septiembre de 2017; Ramón
Labañino Salazar, hasta el 30 de Octubre del 2024, mientras que Gerardo
Hernández Nordelo ha sido penalizado ¡no con una sino dos reclusiones
perpetuas! (Más información disponible en:
http://www.ecured.cu/index.php/Los_Cinco_H%C3%A9roes )
Retornando al caso de René, una vez que hubo cumplido su injusta
condena la jueza que entiende su causa, Joan Lenard, lo obligó, por ser
nativo de los Estados Unidos, a permanecer en ese país durante tres años
más, prohibiéndosele además, en el colmo del ridículo, “acercarse a o
visitar lugares específicos donde se sabe que están o frecuentan
individuos o grupos terroristas.” El razonamiento que subyace a la
prohibición de la jueza es que esos grupos no deben ser molestados por
alguien que vaya a fisgonear o a tratar de enterarse de sus planes, lo
que demuestra la falacia de la “lucha contra el terrorismo” que a voz de
cuello proclama Washington. Por si esto fuera poco a la esposa de René,
Olga Salanueva, le han sistemáticamente negado la visa para visitarlo.
Es que tanto ella como los demás familiares de “Los 5” constituyen,
según absurdas declaraciones del Departamento de Estado, un peligro para
la seguridad nacional de los Estados Unidos. Sin duda, una buena
noticia, porque de ser esto así los pronósticos que aseguran que el
imperio estaría a punto de derrumbarse adquieren una inesperada
verosimilitud: si un pequeño grupo de familiares de los héroes cubanos
–madres octogenarias en algunos casos y esposas frisando los cuarenta
años, aparte de algunos jóvenes hijos y parientes- es capaz de poner en
jaque la seguridad nacional estadounidense bastaría un nuevo y más
masivo Occupy Wall Street para que la potencia imperialista más poderosa
y letal de la historia de la humanidad se derrumbara estrepitosamente,
otorgándole tardíamente la razón a aquella sentencia de Mao que
aseguraba que el imperialismo era un tigre de papel. No pareciera ser el
caso, pero las declaraciones del Departamento de Estado abonan esta
conjetura.
Lo que motiva estas reflexiones es el hecho que desde Septiembre del
año pasado el Departamento de Estado impidió que funcionarios de la
Sección de Intereses de Cuba en Washington visiten al prisionero,
violando así las obligaciones emanadas de la Convención de Viena (1963)
sobre Relaciones Consulares, que establece el derecho de un detenido a
comunicarse con los funcionarios de su embajada y de estos a hacer lo
mismo y a visitarlo para garantizar su seguridad y bienestar. Para los
verdugos imperiales cumplir con trece largos años de injusta prisión no
son suficientes. Agregaron tres más y, encima, coartan la posibilidad de
ejercer el derecho a comunicarse no sólo con sus seres queridos sino
también con los representantes de Cuba en Estados Unidos, poniendo
además su vida en peligro. Hay en todo esto no sólo injusticia sino
ensañamiento y crueldad, procurando vanamente con este nuevo escarmiento
poner a Cuba de rodillas y -como lo previera Martí en su célebre carta a
su amigo Manuel Mercado- hacer posible “que se extiendan por las
Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras
tierras de América.” Pero, como lo recordara Fidel en las palabras de
cierre de la IIª Declaración de La Habana, en 1962, “esta gran humanidad
ha dicho: ‘¡Basta!’ y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes, ya no
se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya
han muerto más de una vez inútilmente”. Consciente de esa marcha y de
ese proceso Washington castiga a los luchadores antiterroristas y
protege a los terroristas con que pretende preservar su dominio. Y a
todo esto, ¿Qué dice el Premio Nobel de la Paz que despacha en la
Oficina Oval de la Casa Blanca? ¿O es que Obama cree que a la opinión
pública mundial, y por supuesto a la de ciertos sectores dentro de
Estados Unidos, no le resulta repugnante su indiferencia? ¿O supone que
su complicidad con la monstruosa injusticia e inhumanidad del caso de
“Los 5” no tendrá costos? ¿No le preocupa el lugar que su nombre pasará a
ocupar en la historia? Se equivoca, aunque sólo fuera por amor a sus
hijas debería preocuparse.

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